Bienvenidos

Este blog se abre como un intento para debatir temas que preocupan a la sociedad y otros que no tanto pero que no tienen cómo hacerse ver o escuchar


lunes, 11 de octubre de 2010

El olfato de la Bonaerense

TRES POLICIAS MARPLATENSES INVOLUCRADOS EN DOS ASALTOS

Dos policías de la 6ª detectaron a un hombre con un arma y le cobraron una cometa para no secuestrarla. Horas después, el hombre usó esa arma para balear al kiosquero Dardo Molina. El jefe de calle de la 9ª fue detenido por dar cobertura a una banda.



Por Horacio Cecchi

La marcha en reclamo por el caso Molina acusaba a la Justicia, pero era la Bonaerense la responsable.
Dos casos literalmente policiales en jurisdicción marplatense parecen confirmar, en una suerte de radiografía del crimen, que en buena parte si no en la mayoría de los casos, la intervención de los uniformados (en este caso los bonaerenses) es crucial o ayuda. Para que se cometa el delito. El primero tiene que ver con el caso del kiosquero Dardo Molina, baleado en la cabeza cuando quiso evitar ser asaltado. El mismo día, unas horas antes, el asaltante que disparó fue retenido en una esquina por dos uniformados que le detectaron el arma y previo pago de una módica suma de 300 pesos lo dejaron seguir con sus actividades cotidianas y con su arma. El otro caso, también tiene que ver con la participación policial: un oficial de la 9ª cumplía al pie de la letra su tarea preventiva, pero al revés: hacía de campana a una banda que asaltaba viviendas. En este caso, la Justicia consideró acreditada la comunicación entre la banda y el uniformado e hizo lugar a su detención preventiva. El caso del kiosquero derivó en varias marchas de reclamo frente a las casas del fiscal y el juez del caso, curiosamente con fuerte anuencia de la Bonaerense.
El 22 de septiembre pasado, alrededor de las 20, el kiosquero Dardo Molina fue asaltado en su local de Luro y 190, en Mar del Plata. Molina atendía a unos clientes cuando se produjo el asalto. El kiosquero, que ya había repelido otro asalto a los tiros, intentó repetir su defensa pero el asaltante disparó cuatro veces. Una de las balas impactó en la cabeza de Molina, hiriéndolo gravemente. El asalto y el estado delicadísimo de Molina provocaron varias marchas de reclamo de los familiares y amigos, con el apoyo de una ONG, Familiares de Víctimas del Delito, que contó con fuerte apoyo policial. Según confiaron vecinos, una de las marchas, realizadas en la casa del juez Saúl Errandonea, contó con custodia policial, mientras que en la casa del magistrado estaba completamente ausente, y la marcha era promovida por un ex jefe departamental devenido en periodista radial.
Tanta protección policial encubría, al mismo tiempo, lo que el fiscal Moyano logró determinar ahora: entre las 13.30 y 14 del mismo día del asalto, el joven acusado de disparar contra Molina había sido retenido por un subteniente y un oficial de la comisaría 6ª. Los dos uniformados apartaron al joven, luego tomaron el arma, se alejaron unos diez metros según aseguraron los testigos, volvieron con el arma, conversaron con el joven unos segundos, éste pagó unos 300 pesos, y le devolvieron el arma, una Bersa, la misma con la que se cree que disparó seis horas más tarde contra Molina. La ubicación del patrullero en la esquina quedó confirmada por el sistema rastreador. Y la del pago del peaje, por testigos.
El olfato policial, a veces, tiene esas desprolijidades.
Pero la radiografía del crimen marplatense no termina ahí. El jefe del servicio de calle de la 9ª, Guillermo Scuffi, fue detenido por su tarea preventiva, en este caso sospechado de que la hacía para el lado de los malos. El juez de Garantías 5 Gabriel Bombini consideró demostrada la participación de Scuffi en la banda que asolaba la zona de su cuadrícula. La Justicia seguía el rastro de los celulares de la banda, que operaba vía Nextel. El 2 de septiembre asaltaron la casa de un concesionario de camiones que a su vez tenía como cliente a un repartidor de La Serenísima, que formaba parte de la banda y que viene a demostrar que una buena cuota de la reclamada inseguridad tiene que ver con inseguridad interior, es decir, entrega de amigos, clientes, homicidios intrafamiliares y cobertura policial. La banda asaltó la casa del concesionario de camiones, y quedó registrada la conversación con el uniformado en el momento en que se disponían a salir. “¿Todo tranquilo?”, preguntaron desde la casa. “Sí, boludo, si yo no llamo, quedate tranquilo que está todo bien”, respondió el uniformado. “¿Salimos?”. “Salgan tranquilos”.
Pero llegó la policía (no Scuffi, que supuestamente ya estaba), detuvo a dos de los tres asaltantes y luego al entregador. Al día siguiente, el 3 de septiembre, la 9ª se quedaba sin jefe de calle. A la luz de las revelaciones, todo indica que los reclamos, atendibles, estaban mal direccionados.

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-154714-2010-10-11.html

Un asesinato a sangre fría a manos del Estado


Amnistía Internacional hizo en Madrid una mención sobre la pena de muerte. La organización internacional recordó que aún existen 17.000 personas aguardando ser trasladadas al patíbulo en todo el mundo. La definición de Amnistía es efectiva: dice que la pena de muerte es "un asesinato premeditado y a sangre fría, a manos del Estado y en nombre de la justicia".
Lo dijo este domingo cuando se conmemora el Día Mundial contra la Pena de Muerte. Y la calificó: discriminatoria, arbitraria y, digo especialmente, irreversible.
“La pena de muerte es la negación más extrema de los derechos humanos”, dijo en un comunicado leído en un acto público en el Parque del Retiro, en Madrid.
La escenificación que montó AI fue interesante. Activistas de la organización se mezclaron con la gente y de pronto se desplomaban y otros militantes, haciendo las veces de funcionarios, recogían y amontonaban los cuerpos en un depósito.
En mi opinión, habría que destacar que al entremezclarse con el público podría caber la idea de que la pena de muerte es una cuestión azarosa, y no lo es: los condenados en una proporción arrasadora integran las clases perseguidas, las poblaciones discriminadas, los sectores desposeídos.
Pienso que si en Argentina se siguieran las consignas de Susana Giménez, esto es aplicar la pena de muerte, es probable que el morochito de Carlos Monzón no hubiera llegado a los 16 años.

sábado, 9 de octubre de 2010

Un mes sin Exequiel Riquelme baleado en Corrientes

El 6 de septiembre el gatillo fácil policial se ensañó con Exequiel Riquelme, de apenas 14 años. En su oportunidad escribí sobre el caso. La nota la pueden ver en el día 8/9/2010 del blog o en http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-152791-2010-09-08.html.
Ahora, me hacen llegar, en el texto que sigue, el homenaje de sus padres y amigos a un mes del asesinato.


A un  mes del asesinato de Exequiel Riquelme, Familiares,  Amigos y Vecinos  reclamaron Justicia en un acto en el barrio Pio X .- En la intersección de la Avda del Cuarto Centenario ( Mendoza al Sur ) y Santa Cruz, el Padre Lalo, sacerdote de la Capilla Pio X bendijo una cruz de urunday que a partir de ahora allí lo recuerda, junto a un monolito con una placa que reza: "Aqui se recuerda a Exequiel A. Riquelme, niño de 14 años, víctima del gatillo fácil de la Policía de Corrientes.".- Luego de la ceremonia religiosa, sus padres Esther y Julio, compartieron su inmenso dolor y pidieron el acompañamiento de sus vecinos y de la sociedad para garantizar que este crimen no quede impune. Señalaron que solo está detenido el oficial Julio Maldonado, imputado como el responsable de haber disparado la itaka que segó la vida a Exequiel. Responsabilizaron a toda la comisión policial de doce hombres de la comisaria 12, por el ensañamiento con que actuaron ante un  niño, de 14 años y 49 kg que  estaba ya inmovilizado y no ofrecía resistencia al operativo.-  
Recibieron el apoyo con su presencia, de  otros familiares de víctimas de violencia policial, como Norma Arapí ( hermana de Ramón Arapí, asesinado el 19 de diciembre de 2001), Silvia Paredes ( madre de Matías Martinez, muerto en el incendio de la Comisaría 7ma, del 13 de  enero de 2006 y Carlos Lencina ( padre de David Lencina, muerto en septiembre de 1998), y por referentes de  organizaciones sociales y de derechos humanos.-  El reclamo fue unámine, Basta de Gatillo Fácil, contra toda forma de impunidad /encubrimiento o complicidad. Justicia para Exequiel

viernes, 8 de octubre de 2010

Torturas bonaerenses a un adolescente de 17

Por Horacio Cecchi



El miércoles pasado, un chico de 17 años denunció haber sido torturado el día anterior durante horas por bonaerenses de la comisaría 6ª, en la localidad platense de Tolosa. Dijo que lo detuvieron en la casa de un amigo, que lo golpearon estando esposado, que le dieron latigazos con la hebilla de su propio cinturón, que le envolvieron la cabeza en una bolsa de nylon y que luego se la sumergieron en agua podrida. Pese a que los mismos policías lo amenazaron de muerte, efectuó la denuncia al día siguiente. El defensor oficial del fuero juvenil, Julio Axat, y Roberto Cipriano García por el CCT, denunciaron las torturas y la detención ilegal del chico. Ayer, el ministro de Seguridad y Justicia Ricardo Casal recibió a Alejandro Mosquera, Víctor Mendibil y Aldo Etchegoyen, de la Comisión Provincial por la Memoria, ante quienes se comprometió a remover a los responsables.
El relato de la denuncia es una radiografía del sistema de detenciones de adolescentes por parte de la Bonaerense, método que defienden ante la Justicia Casal y su colega de Desarrollo, Baldomero Alvarez. Alrededor de las cinco y media de la tarde del martes 5, la fiscalía y la defensoría penal juvenil en turno de La Plata recibieron un llamado telefónico de la comisaría 6ª informando que tenían un adolescente de 17 años al que habían detenido por “resistencia a la autoridad”. La Justicia ordenó la liberación porque, en sí misma, la resistencia no configura un delito pasible de detención. Pasadas las 11 de la noche, lo soltaron. En el medio, pese a los reclamos de parte de la sociedad, demostraron que no tienen las manos atadas. Tampoco los pies. Al pibe lo molieron a golpes y lo torturaron con clásicos de la dictadura: submarino y submarino seco.
El relato del chico es estremecedor. Dice que estaba en la casa de un amigo, y que de un patrullero bajaron bonaerenses y lo sacaron a los golpes de la casa sin motivo. “En ese lugar me dan una paliza en el piso. Llegan cuatro patrulleros más y entre más o menos ocho policías me patean y golpean en el suelo, mientras los vecinos observaban.”
Lo subieron a un patrullero. El chico estaba aterrado de que lo mataran y arrojaran al río. Pero lo llevaron a la 6ª de Tolosa donde en un calabozo del fondo “más o menos 15 o 20 oficiales me pegan en todo el cuerpo. Uno me saca el cinturón y me da cintazos con la hebilla en mi espalda. Me salía sangre del oído y la boca. Después me sientan en una silla afuera del calabozo, con las manos esposadas atrás, me ponen una bolsa en la cabeza, me quieren asfixiar, me golpean con las culatas, durante más o menos una hora. Me sacaban y me ponían la bolsa. Como no quería firmar el papel de resistencia a la autoridad me metieron la cabeza en un tanque de agua podrida. Y así durante media hora hasta que firmé. Me dejaron tirado empapado en el calabozo y a cada rato venía uno y me decía que si contaba algo de lo que me pasó era boleta”.
La Policía Juvenil de Casal, un equipo de detención encubierta
El chico dijo que los médicos policiales lo miraron “así nomás”. Después lo llevaron al hospital Gutiérrez y de vuelta al calabozo. A las 23, le dieron la libertad. Ya no se resistía. Al día siguiente el chico se fue acompañado por la madre a hacer la denuncia. Ayer, Axat y Cipriano García presentaron la denuncia por torturas, apremios y vejaciones. El fiscal 4 Fernando Cartasegna tomó la denuncia y demostró que es la policía la que ata las manos de la Justicia: en la carátula del caso al término “torturas” lo reemplazó por “severidades”. La diferencia es simple: la pena por tortura es de hasta 25 años. Por severidad, sigan pegando.

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-154559-2010-10-08.html

jueves, 7 de octubre de 2010

Carta a los famosos

Esta carta fue redactada por chicos del Instituto Manuel Belgrano, no el colegio privado sino el instituto privado de libertad.Son chicos de entre 16 y 18. La nota me fue alcanzada por un alumno del Taller de la Orientación al Periodismo de la Carrera de Comunicación de la UBA, que realizó una crónica sobre el taller de escritura que funciona en el Belgrano. La carta, como notarán querid@s amig@s es del año pasado. Lamentablemente, lo que dicen en ella es de crudísima actualidad.
Acá va :


A raíz de las declaraciones hechas en los últimos tiempos por algunos personajes mediáticos, entre ellos Susana Gimenez y Marcelo Tinelli, acerca del tema de la inseguridad, nuestros jóvenes les responden a través de la presente carta. 
Instituto Manuel Belgrano, marzo de 2009


A los famosos que reclaman seguridad: 

Ustedes que quieren seguridad no saben lo que nosotros vivimos día a día. Somos un grupo de jóvenes de entre 16 y 18 años (nacidos entre el 91 y el 92). Escuchamos las declaraciones que hicieron en los medios y nos chocó porque ustedes se quejan y tienen toda la plata y nosotros a veces no tenemos para comer. Para nosotros eso es inseguridad, lo que cada persona humilde vive día a día, con sueldos que no les alcanzan a la mayoría de la gente ni para comer o darles de comer a sus familias. 

Ustedes piden por la seguridad de ustedes, sin embargo, se olvidan de que cuando la policía mata a un familiar nuestro nunca sale en los medios y no se entera nadie. Nos preguntamos por qué la vida del familiar o conocido de un famoso vale más que la de una persona humilde. Sin embargo, en la raza humana, somos todos iguales, nadie es más que nadie. 

Tinelli, hemos leído lo que dijiste: “Pagamos los impuestos para que alguien vele por nosotros”. Nosotros podemos ser humildes pero también pagamos los impuestos y, sin embargo, nadie vela por nosotros. 

¿Por qué no piensan ante de hablar en la situación que vive el país, donde 20 niños por día estan condenados a morir de desnutrición y esto no sale en los medios? 

Mientras ustedes están “refugiados” en sus countrys, nuestros padres se están quedando sin trabajo y nosotros viviendo en las calles y buscando para comer mientras ustedes llaman al delivery. Cada día hay más desocupación, más chicos en la calle arruinados por la droga y nadie hace nada al respecto. 

Mientras ustedes gastan fortunas en cirugías estéticas o se pueden dar el lujo de levantar el teléfono y llamar a un médico o recurrir a una clínica privada, nosotros tenemos que correr al hospital o a la salida que, en general, no tiene elementos para atendernos. 

Como verán, la inseguridad tiene dos caras: una para la gente humilde y otra para la gente con plata. 

Ni siquiera podemos conseguir un trabajo seguro porque, como somos menores, nos pagan en negro y poco y ni siquiera nos dan obra social ni seguro de vida y muchos de nosotros ya somos padres y tenemos que mantener una familia. 

La solución para la inseguridad no es más cárceles, ni más policías en la calle ni penas más largas, ni bajar la edad de imputabilidad. Nosotros que vivimos la otra inseguridad creemos que la solución es darnos trabajo a los menores y que nos paguen bien para no llegar a delinquir. 

Jonathan P., Alan B., Darío G., Iván H., Lucas F., Maxi H., Juan M., Juan K. 


Los peligros de ser adolescente, negro y pobre

Por Adriana Puiggrós *

La media sanción del Senado al proyecto de ley que crea el Servicio Cívico Voluntario es un verdadero disparate y no coincide con ninguna teoría pedagógica, excepto que “la letra con sangre entra”, agravado porque en este caso no se piensa en la letra y lo de la sangre es altamente inoportuno en nuestro país, que aún recuerda a los jóvenes que recibieron su dosis de reeducación desapareciendo en los campos de la dictadura.  En esta época en que las cuestiones relativas a la comunicación ocupan un lugar destacado en los frentes donde se lucha por el poder, la apropiación de palabras es una modalidad que ha resultado muy efectiva, en especial para una nueva derecha que desborda de cinismo. Las reformas neoliberales fueron hechas en nombre de la desburocratización, la descentralización, la distribución y otras tantas acciones que se colocaron en la serie de la democracia, pues era obligatorio declarar a las propuestas antidictatoriales y antiautoritarias para que se consideraran políticamente correctas. La operación perfecta consiste en la apropiación de un término que tiene connotaciones reivindicativas produciendo su vaciamiento, lo que no es un inocente juego lingüístico, porque los juegos lingüísticos son actos de ejercicio del poder. Así ocurre con la palabra “inclusión”, hoy de moda. Hace dos siglos, Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, sostuvo que el sistema escolar latinoamericano debía construirse a partir de los pobres, los desarrapados, los negros, los indios. Ellos serían el corazón de la educación, su núcleo más significativo, el que le otorgaría sentido. (Si hubiera vivido en la Argentina del siglo XXI seguramente habría agregado a la lista a los chicos de 14 a 18 años sin trabajo ni estudio.) Los agregados, los incluidos en segundo lugar de importancia, serían los otros, los hijos de los ricos. En cambio, los autores del proyecto de Servicio Social Voluntario piensan de manera inversa al educador venezolano. Representan al sector que ha estado siempre en contra de la educación pública y a favor de un sistema meritocrático privado. Sus propuestas no nacieron con el neoliberalismo, sino que acompañaron a todos los gobiernos antidemocráticos y dictatoriales, pero el proyecto educativo neoliberal los alentó y actualizó. Su gesto más genuino es racista. Consideran que primero debe educarse a los mejores, en quienes se invertirán los mayores recursos. Luego se irá construyendo la pirámide hacia abajo pero, dicen, necesariamente los pobres, negros, desarrapados, que llegaron a tal situación producto de la crisis, o, la verdad, porque carecieron de capacidad, qué le vamos a hacer, ahora ya son drogadictos, delincuentes, pero lamentablemente no se puede poner a todos preventivamente presos o en reformatorios o hacer con ellos justicia por mano propia, dado que estamos en democracia y no hay más remedio que incluir a todos, en nombre de la inclusión hay que darles el lugar que merecen, y que merecemos que tengan, lejos de nuestros hijos y de nuestros bienes, por eso los mandamos a los “cuarteles”, para que los eduquen, los hagan personas de bien. En el oscuro fondo del razonamiento que impulsa el proyecto subyace la imagen de campos militares donde se imponga la disciplina de la cual estos chicos supuestamente carecen.  El proyecto denota un profundo desconocimiento de nuestros jóvenes. La Argentina está muy lejos de sufrir bandas juveniles que tienen un alto nivel de organización, como ocurre en México, en El Salvador o en Brasil. Los grupos de nuestros “chicos de la calle”, afortunadamente, de ninguna manera son comparables con aquellas organizaciones. Programas como el “Fines” de los ministerios de Educación y de Desarrollo Social, en los cuales incluirlos es darles una mano para que recuperen el capital simbólico que se les ha expropiado o negado, logran atraer y orientar a los jóvenes, así como los programas deportivos, recreativos y especialmente los de capacitación laboral. Además existe el sistema escolar, que los autores del proyecto de hecho descartan, pues para ellos no es una buena solución abrirles a aquellos chicos un lugar en las aulas a las cuales concurren sus pares de otros niveles sociales. Pero lo peor es que consideren una falta que no trabajen, mostrando su total desconsideración de la legislación nacional e internacional, que prohíbe el trabajo infantil y juvenil. El proyecto es antidemocrático, injusto y espanta al denotar la persistencia de una mentalidad represiva que ha causado profundos dolores al país, así como la condensación del odio social en los chicos pobres, una vez más.

* Diputada FG-FpV, presidenta de la Comisión de Educación.

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-154467-2010-10-07.html

Los otros y los miedos

UN CRIMEN REVELA RESPONSABILIDADES SOCIALES

Todos los que matan a Matías

Por Andrea Homene *
A Matías Berardi lo asesinaron, el martes de la semana pasada, según dicen hasta el momento los investigadores, los miembros de una familia que lo habían secuestrado para pedir 500 pesos de rescate: atrocidad injustificable que merece la más enérgica condena. Pero no fueron sólo ellos quienes terminaron con la vida de este chico de 16 años. A Matías lo asesinaron los vecinos, que lo vieron correr desesperado pidiendo ayuda pero, como era perseguido por otras personas que gritaban que les había robado (luego se sabría que eran sus secuestradores), no intervinieron para asistirlo.
También lo asesinaron los periodistas que instalan en el imaginario del público la idea de que los jóvenes son los responsables de todos los problemas de inseguridad. El remisero que no dudó en huir cuando vio al joven acercarse a su automóvil con intenciones de abordarlo también lo asesinó.
Lo mataron además quienes vieron cómo Matías era finalmente interceptado por un automóvil, subido a golpes, y no hicieron nada para evitarlo. También lo mató la policía, que alertada “porque un menor intentó asaltar a un remisero y luego fue subido a un auto”, hizo un breve recorrido por el barrio y se retiró. A Matías lo mató la clase media, que construye bunkers rodeados por doble alambrado electrificado para subrayar las diferencias entre un adentro habitado por los buenos ciudadanos y un afuera infectado de “malvivientes”.
El miedo no pregunta. Sospecha
Matías murió por ser un adolescente. Cargó, por un instante breve y fatal de su vida, con el estigma que cargan miles de adolescentes como él, que continuamente son agredidos, despreciados, maltratados, humillados, por los buenos ciudadanos que pagan sus impuestos y que reclaman airadamente bajar la edad de imputabilidad, endurecer las condenas (como si ser un adolescente de clase baja sin futuro ni ilusiones no fuera condena suficiente), que no salgan nunca más de la cárcel.
Existe otro Matías. Lo conozco. Está cumpliendo una probation. No vive en un barrio privado, no juega rugby, no asiste a un colegio bilingüe. Es morocho. Todos los días sale a vender productos de limpieza por la calle. Y casi todos los días la policía lo para, lo obliga a ponerse contra la pared, le hace abrir las piernas, someterse a la requisa, abrir su mochila, dejar caer su mercadería, soportar que se la pateen y juntar lo que queda de ella sin decir una sola palabra, porque, al menor atisbo de protesta por el atropello, pueden llevarlo a la comisaría por “resistencia a la autoridad”. Cualquier conflicto le haría perder la probation y podría derivar en su detención. El sabe que no puede reaccionar ante el funcionario policial; no puede defender su derecho a querer darle un curso diferente a su vida, a ganar honestamente el sustento de su familia. Debe callar y juntar del piso su mercadería pisoteada.
Los que creyeron que el otro Matías era un ladrón consideraron justo que fuera perseguido por sus presuntas víctimas y empujado al interior de un auto. A nadie se le ocurrió que, aun cuando hubiera cometido un delito, debía ser protegido de la persecución justiciera. Es más, si hubiera sido un ladrón, y sus víctimas, como ha sucedido, hubieran hecho “justicia” por mano propia, el discurso social ante la muerte del chico hubiera sido muy diferente. Los homicidas hubieran sido considerados casi como héroes. Difícilmente se hubiera establecido su responsabilidad y en el caso de que fueran identificados, un buen abogado habría logrado probar el “estado de emoción violenta” y así la inimputabilidad.
El otro Matías trata de sobrevivir en un medio que le es hostil y, cuando le pregunto qué necesita, contesta: “Una vida nueva”. Con este Matías, intentamos aún reparar todo el daño que se le ha hecho; que pueda algún día ilusionarse, desear, imaginar una vida en la que pueda andar libremente por la calle, trabajar, ir a bailar, sin tener que agachar la cabeza cuando la mirada del otro le dirige desprecio y burla.
* Psicoanalista. Perito psicóloga en una defensoría oficial del conurbano bonaerense.

http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-154453-2010-10-07.html